FARMACOLOGIA

Farmacología • Fármacos antieméticos, laxantes y antidiarreicos

electrolitos y líquido, aumentando la consistencia de las heces y disminuyendo la frecuencia de las deposi ciones. La loperamida solo debe emplearse en diarreas agudas autolimitadas. Debe hacerse con cautela, ya que, al deprimir la motilidad intestinal, favorece la persistencia de las bacterias en el intestino, así como la retención importante de líquidos, lo que puede ocultar una deshidratación grave que pase inadvertida. Su administración es oral y casi no atraviesa la barrera hematoencefálica. Cuando se absorbe se concentra en el tubo digestivo y el hígado con una vida media de 7-15 h. En adultos, la dosis inicial es de 4 mg, conti nuando con 2 mg después de cada deposición, con un máximo de 16 mg al día. No está recomendada en menores de 2 años.

Inhibidores de la secreción intestinal

Disminuyen la secreción de electrolitos y agua por el epitelio intestinal. Destacan la somatostatina y análogos como el octreótido, y se emplean en diarreas refractarias asociadas a tumores endocrinos del tubo digestivo, por su mecanismo de inhibición de la secreción endocrina y exocrina. El racecadotrilo actúa retrasando el metabolismo de las encefalinasas, con un mecanismo parecido a la lope ramida, pero presenta menos efectos adversos. Es un inhibidor puro de la secreción intestinal y no afecta a la motilidad intestinal. Su administración también es oral, en dosis de 100 mg cada 8 h durante un máximo de 7 días.

Fármacos potenciadores de absorción intestinal

Actúan favoreciendo la absorción de sustancias eliminadas cuantiosamente durante la diarrea. Son fun damentalmente todas las soluciones de rehidratación oral, los aminoácidos y la glucosa, que favorecen la absorción de agua y sodio. La clonidina es un agonista alfa-2-adrenérgico que se suele emplear en diarreas secretoras sin respuesta a otras terapias.

Antiinfecciosos

No se aconseja su empleo como primera elección, ya que habitualmente la diarrea suele ser de carácter no infeccioso o etiología vírica autolimitada, que se resuelve con tratamiento sintomático. Se seleccionan según el germen intestinal causante de la diarrea y la sensibilidad bacteriana obtenida. Es aconsejable no utilizar los por vía intravenosa, ya que pueden perpetuar la diarrea y la colonización crónica de patógenos. Si es preciso emplear un tratamiento sistémico empírico, las fluroquinolonas tienen cobertura para casi todas las bacterias intestinales excepto el Clostridium difficile . La alteración de la flora intestinal, derivada del empleo de antibióticos de amplio espectro, en un porcentaje importante es debida al Clostridium difficile , siendo los fármacos de primera línea para su manejo en caso de diarrea grave la vancomicina oral (125 mg cada 6 h durante 10-14 días), y la fidaxomicina, un macrólido atípico (200 mg/12 h durante 10 días), que tiene capacidad para inhibir la producción de toxinas de este patógeno. Los probióticos, productos elaborados con microorganismos vivos, actúan mejorando el equilibrio micro biano intestinal. Se emplean como prevención y tratamiento de diarrea viral en niños, diarrea asociada a antibióticos o diarrea recurrente por Clostridium difficile , si bien no han demostrado reducir de manera significativa la duración de la diarrea aguda en adultos, según los resultados de las últimas revisiones sistemáticas.

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