FARMACOLOGIA
Farmacología • Fármacos antidiabéticos
Resumen
continuación
• El tratamiento fundamental de la DM1 consiste en la administración de insulina. En la DM2 se re curre a los antidiabéticos orales si no se consigue normalizar la glucemia con la dieta y el ejercicio. Las medidas higiénico-dietéticas forman parte del tratamiento de la diabetes, como primer escalón en la DM2 y como coadyuvante en el tratamiento de la DM1. No se debe retrasar la insulinización por criterios de comodidad o miedo, ni mucho menos pretender banalizar los riesgos de las compli caciones al mantener un mal control de la glucemia. Está demostrado que la insulinización precoz conserva los niveles de reservas insulínicas y prolonga el buen control de la enfermedad, por lo que es indispensable para evitar, o cuanto menos retrasar, la aparición de complicaciones. El paso a la administración de insulina se contemplará siempre de forma individualizada, dado que factores como edad, esperanza de vida y calidad de vida pueden interrelacionarse. La insulina se administra fundamentalmente por vía subcutánea. La vía intravenosa se reserva para casos especiales como, por ejemplo, cetoacidosis diabética. Solo se pueden administrar por vía intravenosa los prepara dos transparentes como los de insulina regular o soluble. Es muy importante enseñar al paciente la técnica adecuada para la preparación y administración de insulina según el tipo de preparado farmacológico y que conozca los síntomas de la hipoglucemia y cómo paliarla. Es recomendable rotar el punto de inyección de insulina para evitar la aparición de lipodistrofia, que puede modificar la absorción de insulina. • Los antidiabéticos orales insulinosecretores (sulfonilureas y secretagogos de acción rápida) o los que retrasan la absorción de carbohidratos (acarbosa y miglitol) deben administrarse siempre antes de las comidas principales. Ningún antidiabético oral tiene mayor capacidad de acción terapéutica por encima de las dosis máximas recomendadas, por lo que aumentarlas de forma aleatoria no supondrá más que un riesgo en la aparición de efectos adversos. • Es imprescindible conocer las posibles interacciones de los antidiabéticos a emplear. Este problema no suele tenerse en cuenta y los malos resultados se atribuyen a otras causas, especialmente en pacientes ancianos y polimedicados. Se ha de recordar que hay medicamentos que interaccionan disminuyendo la acción, lo que supondría tener malos resultados de control, pero otros la poten cian, por lo que se estarían corriendo riesgos innecesarios de hipoglucemias que serían fácilmente evitables. Se debe informar al paciente diabético sobre los posibles efectos hipo- o hiperglucemian tes de otros fármacos que esté tomando. • El denominado fracaso secundario de los antidiabéticos orales (cuando la utilización de dichos fár macos parece no ser suficiente para el control de la glucemia pese al buen cumplimiento por parte del paciente) suele ser la consecuencia natural de la evolución de la enfermedad. La mayoría de los antidiabéticos orales necesitan la existencia de una reserva insulínica; unos potencian su secreción, otros potencian la sensibilidad hacia la misma, pero conforme estas reservas se van agotando, la eficacia de unos y otros va disminuyendo.
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