FARMACOLOGIA
Farmacología • Fluidoterapia
Para el uso clínico se dispone de varias presentaciones según las concentraciones a que se encuentren. Las de utilización más habitual son la solución de bicarbonato 1 molar (1 M = 8,4%), que sería la forma prefe rida para la corrección de la acidosis metabólica aguda, y la solución de bicarbonato 1/6 molar (1,4%) con osmolaridad semejante a la del plasma. La solución 1/6 molar es la más empleada y su posología se realiza en función del déficit de bases y del peso del paciente. Otra solución isotónica correctora de la acidosis es el lactato sódico. El lactato de sodio es transformado en bicarbonato sódico y así actuaría como tamponador, pero como esta transformación previa implica un metabolismo hepático, se contraindica su infusión en pacientes con insuficiencia hepática, así como en la situación de hiperlactasemia. Su dosificación se realiza según el déficit de bicarbonato y el peso del paciente (Herrero et al., 2000). • Bicarbonato 1 molar: 1 M = 1 mEq/ml; ampolla de 10 ml = 10 mEq = 0,84 g de hidrogenocarbonato de sodio. • Bicarbonato 1/6 molar: 1/6 M = 0,167 mEq/ml; frasco de 250 ml = 41,5 mEq = 3,5 g de hidrogenocar bonato de sodio. REPOSICIÓN DE ELECTROLITOS En la actividad clínica asistencial diaria se es consciente de que cuando se estudia el manejo de la fluidotera pia, inseparablemente se debe estudiar la reposición de electrolitos. Rara vez se administra fluidoterapia sin que, a esta, se le añada un aporte extra de electrolitos. Dado su íntima relación a la hora de administrarse, se repasarán los conceptos básicos sobre reposición de electrolitos conjunto con la fluidoterapia.
Cloruro sódico (NaCl)
El sodio es el catión más abundante del líquido extracelular. Su concentración normal oscila entre 135-145 mEq/l. El sodio es el principal electrolito del líquido extracelular. Su papel fundamental es el control de la distribu ción del agua en todo el organismo y el mantenimiento del equilibrio normal de los líquidos. Este producto se debe administrar siempre diluido y la dosis ajustada al perfil electrolítico.
El balance de sodio no debe restablecerse demasiado deprisa y la corrección demasiado rápida puede tener graves efectos adversos neurológicos, incluyendo desmielinización osmótica.
La administración excesiva de sodio causa hipernatremia, cuyo efecto más serio es la sobrecarga circulatoria con aumento de la presión osmótica del compartimiento extracelular; esto llevaría a la deshidratación de los órganos internos, especialmente el cerebro, que puede desembocar en trombosis y hemorragias. Los efectos adversos generales del exceso de sodio en el organismo incluyen náuseas, vómitos, diarreas, ca lambres abdominales, salivación reducida, sed, sudoración, fiebre, hipotensión, taquicardia, insuficiencia renal, edema periférico y pulmonar, irritabilidad, debilidad, temblores y rigidez muscular, convulsiones, coma y muerte.
No debe administrarse junto con anfotericina B (Castro, 2015).
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