FARMACOLOGIA
Farmacología • Antiinflamatorios esteroideos: glucocorticoides. Otros antiinflamatorios
men circulante, gasto cardiaco y presión arterial. Además, aumentan la eliminación de potasio por orina e incrementan la producción de angiotensinógeno (precursor de angiotensina, sustancia vasopresora más importante del organismo) en el hígado y elevan la sensibilidad de la musculatura lisa vascular a sustan cias vasoactivas como la angiotensina y noradrenalina. La administración prolongada de estos fármacos produce hipertensión arterial. • Sobre el músculo esquelético, si se conjuga la acción catabólica proteica más la diminución de la absor ción gastrointestinal y de la reabsorción tubular renal de calcio y el aumento de eliminación de potasio por la orina, pueden originar miopatía con pérdida de masa muscular y fatiga. • A nivel de hueso pueden producir osteopenia, por inhibir la proliferación y función de osteoblastos, au mentar la de los osteoclastos y disminuir la absorción intestinal y la reabsorción tubular de calcio. Esta osteopenia progresa a osteoporosis con fracturas espontáneas de los huesos. Asimismo, los GC tienen efectos sobre el cartílago, favoreciendo el cierre prematuro del cartílago de crecimiento; además, junto con la inhibición de la secreción de somatotropina, contribuyen al retardo de crecimiento en niños tra tados con estos fármacos. Este efecto no está comprobado cuando se administran por vía inhalatoria. • Sobre el sistema nervioso, los GC pueden dar lugar a excitación, nerviosismo, insomnio, e incluso favore cer la aparición de psicosis, convulsiones y depresión. • Inhiben la producción de prostaglandinas, por tanto, pueden producir efectos tóxicos gastrointestinales y renales al igual que los AINE. Entre ellos, dispepsia, disfagia, gastritis, úlceras gástricas y duodenales, pancreatitis e insuficiencia renal. El uso de protección gástrica se recomienda en aquellos pacientes que presenten alto riesgo de sangrado gastrointestinal (historia de úlcera, dispepsia, infección por Helicobac ter pylori , entre otros) o que presenten antecedentes. • Sobre el sistema inmunitario favorecen la aparición, la reactivación o el empeoramiento de infecciones como la tuberculosis, así como las causadas por virus, hongos, etc. Su administración tópica nasal o in halada puede favorecer en ocasiones la aparición de infecciones oportunistas (candidiasis oral), disfonía o sangrado nasal, habitualmente leves. • Además, se ha comprobado que aumentan la incidencia de cataratas de origen desconocido, con más frecuencia en niños, casi siempre reversibles, que desaparecen al suspender el tratamiento, aunque a veces han precisado de intervención quirúrgica. • Síndrome de Cushing iatrogénico: el tratamiento con glucocorticoides a dosis altas y en periodos pro longados puede producir signos y síntomas de hiperfunción suprarrenal, como cara de “luna llena”, jiba de búfalo, acné, hirsutismo, aumento del crecimiento del vello, adelgazamiento de la piel, pérdida de elasticidad, aparición de estrías, etc. Para prevenir sus efectos secundarios (Imagen 2) se debe elegir el corticoide atendiendo a la potencia del fár maco concreto, la dosis y la duración del tratamiento, así como a la vía de administración más adecuada. Salvo en cuadros graves o en situaciones de emergencia en los que se prefiere la vía sistémica, ya que se pueden necesitar dosis altas, se recomienda la vía tópica (local) antes que la sistémica, y comenzar con corticoides de menor potencia o en dosis menores. A partir de ahí, si no se consigue un adecuado control de las lesiones o de los síntomas, se podrá aumentar la potencia, como ocurre en la vía cutánea, o las dosis como en la vía inha lada, todo ello dirigido a emplear la cantidad mínima que sea eficaz. En el caso de la vía inhalada, la correcta utilización de los dispositivos es fundamental para disminuir el depósito del fármaco en la boca y la faringe, y evitar efectos secundarios locales. La ciclesonida es un GC que cuenta con la particularidad de que, una vez inhalada, se activa en el árbol bronquial, con la consiguiente reducción de los posibles efectos secundarios bucofaríngeos. En cuanto a la seguridad de los corticoides locales, interesa que tengan un bajo paso a circula ción sistémica (biodisponibilidad), ya que esto último se relaciona con la aparición de efectos secundarios o no deseados. Algunos de los más usados, tales como la budesonida o la beclometasona, tienen una biodisponibi lidad del 11% y del 41% respectivamente, mientras que otros, como el furoato de fluticasona, el propionato de fluticasona, el furoato de mometasona o la ciclesonida, apenas llegan al 1%.
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